Interinos: La Martingala europea

Fuente: Diario16 de fecha 21 de enero 2022 enlace

Quien fija la interpretación en situaciones de conflicto es el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, tribunal que, si bien fue diseñado para dar seguridad jurídica a la nube de normas que cada año produce la Unión Europea, no fue diseñado para ser tribunal supraconstitucional. Y es que, asómbrense, la producción legislativa de la Unión Europea sobrepasa anualmente las dos mil Directivas y los dos mil Reglamentos

Una de las cosas que más sorprende a los interinos es que esta Europa no está diseñada para el ejercicio de derechos sino para ser un campo abonado para los mercaderes.

Así, estamos acostumbrados a ver reuniones hasta la madrugada de los “padres de la patria” que acuerdan en el último momento, plazos que si se incumplen, temblará la tierra. Todo está lleno de últimos vagones y de últimos trenes.

Y sin embargo, usualmente los plazos se incumplen y los trenes salen salen cada hora, regularmente.

Y es que, al igual que la postura de los políticos y administraciones estatales es ningunear a la Unión Europea, ésta contraataca vendiendo que todo lo que allí pasa, en los grises y azules edificios de Bruselas, es trascendental para nuestras vidas.

El escenario, es pues, pura invención, un sainete para que al final los presidentes de gobierno o jefes de estado puedan salir delante de la prensa de su país autoalabándose.

Lo cierto es que los momentos extraordinarios, los de verdad extraordinarios, se pueden contar con los dedos. Todo lo demás, es una manipulación de los burócratas para presionar a los países a hacer lo que se ha pactado en las centenares de comisiones que funcionan regularmente, comisiones donde los mercaderes y los estados grandes hacen sentir su poder. Comisiones donde cualquier problema importante es dulcificado hasta que no lo parece.

Otro timo son los  informes a la Comisión. Normalmente, están tan pactados,  consensuados y “neutrificados”, tanto, que permiten ser interpretados a la carta. Es normal ver que cada país los interpreta según sus intereses. Son especialistas en hacer tortillas sin romper los huevos.

Estos informes, además, están redactados en base a lo políticamente correcto en cada momento, utilizando riadas de eufemismos que desactivan cualquier solución rápida y positiva. A eso hemos de añadir que no hay suficientes funcionarios para todas las comisiones, lo que acaba resultando en comisiones donde sólo están los lobbystas de las empresas implicadas en el cambio legislativo.

A ese entorno de transcendencia pertenecen también los plazos, ultimátums y listas de condiciones. Son la sal con la que se aliña el insípido cambio de soberanías para Europa por intereses económicos para los estados  y añaden un perfume de peligro, riesgo y emoción al relato aburrido del intercambio político.

Quien fija la interpretación en situaciones de conflicto es el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, tribunal que, si bien fue diseñado para dar seguridad jurídica a la nube de normas que cada año produce la Unión Europea, no fue diseñado para ser tribunal supraconstitucional. Y es que, asómbrense, la producción legislativa de la Unión Europea  sobrepasa anualmente las dos mil Directivas y los dos mil Reglamentos.

Y para vergüenza de nuestros propios tribunales, un procedimiento judicial en la UE no acostumbra a durar, entero, más de catorce meses.

Y es que, sabiamente, el legislativo está en Estrasburgo y Bruselas, el ejecutivo en Bruselas y el judicial en Luxemburgo, no cayendo la UE en la trampa de los estados/nación en que al centrarse todos los poderes en la capital, son un nido de contaminación cruzada por no decir corrupción.

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