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La lentitud de la Justicia no es consecuencia de un trabajo insuficiente en los juzgados

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“Reivindico mayor dignidad para los funcionarios judiciales”

Por: Daniel Sánchez Bernal

Hace unos días, en este mismo medio, se publicó un artículo que contenía este titular: El 43% de los juristas señala el «insuficiente trabajo en los juzgados» y añade que el principal motivo de la lentitud de la Justicia es que en los juzgados no trabajan lo suficiente. Al menos, es el motivo principal que apuntaban la mayor parte de los participantes en la encuesta.

Como bien sabéis, llevo años luchando contra la lentitud de la Justicia. Y también sabéis que, prácticamente, en la cuasi más absoluta soledad. Verdaderamente -y siempre lo recordaré hasta la saciedad- sólo me apoyan 5 compañeros (Armando, Pablo, Mariam, Juanjo y Yolanda). Al menos, ofreciéndome un apoyo real. Pero este no es el objeto de lo que quiero exponer a continuación sino contaros, en primera persona, cómo he sobrevivido, durante años, frente a la agonizante Administración de Justicia.

Durante años he sido funcionario interino en la Administración de Justicia. He sido tramitador y gestor procesal y he realizado mis funciones en órganos judiciales dispares: Juzgado de Violencia sobre la Mujer nº 3 de Sevilla, Juzgado de lo Contencioso-Administrativo nº 10 de Sevilla, Juzgado de Instrucción nº 6 de Sevilla, Servicio Común de Notificaciones y Embargos (SCNE) de Sevilla, Juzgado Mixto nº 1 de Lora del Río (Sevilla) y Juzgado de lo Penal nº 14 de Sevilla.

Por haber sufrido, en mis propias entrañas, la acuciante agonía de la Administración de Justicia y la gran carga de trabajo existente, cuando redacto cada uno de los recursos y demandas contra la lentitud de la Justicia, hablo con propiedad y, por esa misma razón, siempre, siempre, siempre, soy absolutamente respetuoso con la gran labor que desarrollan todos los profesionales de la Administración de Justicia (Agentes Judiciales, Tramitadores y Gestores Procesales, Letrados de la Administración de Justicia y Jueces, entre otros) en intentar resolver esta situación. Porque, sí, yo también he estado en la piel de los funcionarios de Justicia.

Ciertamente, me apena leer que el 43% de los encuestados considera que el principal motivo de los retrasos en la Justicia se encuentra en que en los juzgados se trabaja de forma insuficiente. Y me apena por una sencilla razón: la mayoría de los funcionarios dedican, cada día, un gran esfuerzo a lograr reducir el excesivo intervalo temporal de los señalamientos de vistas y juicios. Es una labor encomiable que debe ser objeto de aplauso por todos los operadores jurídicos. No cabe la menor duda y yo -qué queréis que os diga- me enorgullezco de ello.

Siempre he dicho que debería crearse algo similar a un “Gran Hermano” en los juzgados para que toda la ciudadanía destierre, de una vez por todas, el prejuicio de que el funcionario -permitidme la expresión- “no hace ni el huevo”.

Me duele enormemente escuchar estas expresiones cuando, ni por asomo, se asemejan a la realidad. Por descontado que siempre hay ovejas negras, como en cualquier profesión. Pero la regla general, insisto, es que realizan un trabajo encomiable y digno de ser, aunque sea un poquito, más valorado.

Como ya os he dicho al principio de este artículo, soy un abogado que viene luchando contra la lentitud de la Justicia y también venimos reclamando que se nos valore, aunque sea un poquito, más nuestro trabajo. Y ya ni os cuento de mis compañeros que están en el turno de oficio que, al menos para mí, son ángeles de la guarda de los justiciables. Pero tal como nosotros reclamamos más dignidad para nuestra profesión, también es justo -máxime cuando yo también he sido funcionario interino de Justicia- que reclamemos mayor dignidad a nuestros compañeros. Sí, compañeros porque, al fin y al cabo, todos vamos en el mismo barco que se llama “Justicia”.

Por poneros en antecedentes, en el año 2017 estuve seis meses en mi último destino como funcionario interino. En este caso, como gestor procesal. Fueron seis meses muy duros. Ahora entenderéis por qué me veo en la obligación moral de escribir este artículo y de reivindicar mayor dignidad también para todos ellos, los que están “en primera línea de fuego”, intentando sobrevivir cada día a una larga jornada de trabajo.

Como os digo, fueron seis meses muy duros porque teníamos dobles señalamientos. ¿Qué significa? Nos tocaba volver a señalar las suspensiones de los juicios y vistas (por ejemplo: por no estar debidamente citados los testigos, peritos…, por enfermedad de las partes… etc). Pero, además, teníamos que señalar las nuevas fechas de juicios con todo lo que ello conlleva: citar a las partes, testigos, peritos… No os podéis hacer una idea de lo asfixiados que estábamos. Sólo nos levantábamos de nuestra mesa de trabajo para ir a desayunar y al baño. Ni siquiera nos podíamos permitir el lujo de levantarnos a coger un fax -sí, aunque no os lo creáis, aún se utiliza el fax en los juzgados-.

Muchos días terminaba la jornada laboral con jaquecas y migrañas de la tensión acumulada. Porque, para colmo de todos los males, muchas veces fallaban los sistemas informáticos, se caía la red y no podíamos seguir trabajando. Recuerdo que en mi mesa de trabajo tenía cientos de expedientes y tenía que hacer auténticos malabarismos para sacar el mayor trabajo posible. Lo peor llegaba cuando quería cogerme las vacaciones o algunos días de merecido descanso. Me entraba mucha ansiedad porque sabía que, si me cogía más de una semana de vacaciones, el regreso iba a ser horrible por la acumulación de montones de papeles y expedientes encima de mi mesa.

¿Os cuento un secreto? Muchos compañeros acudían por las tardes a seguir “sacando trabajo”, como nosotros decíamos, a agilizar un poco más la exasperante lentitud de la Justicia. Por supuesto, asumíamos que no éramos milagrosos. Asumíamos la realidad. Pero, de verdad, no podéis haceros una idea de lo angustioso que llega a ser trabajar sin parar en un órgano judicial. Sin tiempo ni a pestañear. Y no olvidéis una cosa: no sólo se redactaban resoluciones, se notificaban, se leían tomos de expedientes para localizar direcciones y datos para citar a testigos, peritos… Además, teníamos que atender a profesionales (abogados, procuradores…) y atender las llamadas de teléfono.

No quiero que os enfadéis con lo que voy a decir a continuación. Lo único que pretendo es dar visibilidad a cómo los funcionarios de Justicia padecen y sufren las consecuencias de una desastrosa falta de medios materiales y humanos. Y lo que escribo en este artículo es lo que yo he vivido, padecido y sufrido en mis propias carnes. Cada día podríamos tener una productividad, en el mejor de los casos, de un 40-50% en despachar asuntos pendientes. Y ello porque atender las numerosas llamadas telefónicas y atender a los profesionales nos restaba mucho tiempo para dedicarlo a proveer escritos, notificarlos, redactar…

Lo que quiero es que entendáis es que los funcionarios de Justicia son personas, como nosotros, y sufren y padecen problemas de ansiedad, angustia y estrés por la gran carga de trabajo que asumen. Yo lo he padecido, lo he sufrido y por esa misma razón siempre alabo, en cada uno de mis escritos, de mis recursos, la gran labor que realizan.

Y ello no está reñido con que, TOD@S juntos luchemos contra esta pandemia de la Administración de Justicia como es la lentitud y alcemos la voz, de una vez por todas, para reclamar más medios materiales y humanos. Y debemos hacerlos TOD@S unidos porque, al final, siempre son los verdaderamente perjudicados los ciudadanos, los justiciables.

Creedme que en los juzgados no se trabaja de forma insuficiente. Que se lo digan a los que acuden a trabajar por las tardes sin recibir ni un puñetero céntimo por esas horas que dedican a desahogar, aunque sea un poco, la carga de trabajo que asumen.

Son los que están en la “primera línea de fuego”, atendiendo al público y profesionales, personal y telefónicamente, resolviendo incidencias que se van presentando a diario, a la par que tienen que hacer auténticos malabarismos para auxiliar, tramitar y gestionar con eficiencia y eficacia.

Quizás os sorprenda, pero os planteo la siguiente pregunta, a ver si sabéis cuál es la respuesta: ¿quién redacta una diligencia de ordenación? ¿Quién redacta una providencia? ¿Quién redacta un decreto? ¿Quién redacta un auto? Por regla general, lo redactan los tramitadores, gestores e incluso agentes judiciales. Sí, como lo oís, ellos. Cierto es que los LAJ y jueces dan instrucciones para que, según el momento procesal en el que se esté, dichas resoluciones contengan algunos párrafos específicos. Póngase, por ejemplo: un auto de admisión de pruebas, un decreto de admisión a trámite de la demanda, decreto acordando medidas ejecutivas concretas, etc, etc.

Al menos, se merecen que se les valore su trabajo al igual que también pedimos que se nos valore nuestro trabajo. Todos estamos en el mismo barco, no lo olvidéis.

Fuente: economistjurist.es

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